¿Puede Dios perdonarme?

¿Puede Dios perdonarme?
 
La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. Dios no solo puede perdonarte, Él está dispuesto a hacerlo, Él está esperando que vengas a Él arrepentido para otorgarte su perdón. 
 
Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana (Is. 1:18).
 
Pero ¿por qué no me siento así? ¿por qué siento que Él no puede perdonarme?
Muchas veces recurrimos a un mismo pecado y creemos que Dios ya no puede perdonarnos, porque le hemos fallado una y otra vez. Por eso debemos pedirle al Señor que escudriñe nuestro corazón, porque el corazón es engañoso (Jer. 17:9-10), es probable que solamente nos hayamos sentido culpables, pero realmente no nos hayamos arrepentido de nuestro pecado.
Una persona genuinamente arrepentida tiene un cambio de mente, al grado de volverse de su mal camino. El verdadero arrepentimiento nos hace aborrecer el pecado y apartarnos de él:
 
Los que encubren sus pecados no prosperarán, pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia. NTV Pr. 28:13
 
No solo debemos confesar nuestros pecados, debemos abandonarlos, esa es la evidencia de un verdadero arrepentimiento. Pídele al Señor que te dé convicción de pecado (Jn. 16:8), di junto a David: 
 
Dios mío, tú eres todo bondad, ten compasión de mí;
tú eres muy compasivo, no tomes en cuenta mis pecados.
¡Quítame toda mi maldad! ¡Quítame todo mi pecado!
Sé muy bien que soy pecador, y sé muy bien que he pecado.
A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara. 
Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy inocente.
(Sal. 51:1-4 TLA)
 
Solo después de haber sido confrontado por el profeta Natán, David reconoció su maldad y la perversidad de sus actos (2 S. 12:1-15), tomar a la mujer de su prójimo y planear la muerte de su marido, sin embargo, Dios estaba dispuesto a perdonarlo, porque se arrepintió verdaderamente:
 
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. (Sal. 51:17 NVI).
 
Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra. 2 Cr. 7:14 NTV
 
Dios desea perdonarte, pero debemos cortar de tajo con el pecado:
 
Y si tu mano—incluso tu mano más fuerte—te hace pecar, córtala y tírala. Es preferible que pierdas una parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. (Mt. 5:30 NTV)
 
Hay pecados específicos como la pornografía, las drogas, el alcohol, la fornicación, entre otros, donde necesitarás del apoyo de un hermano maduro en la fe, para rendir cuentas, no intentes luchar solo contra el pecado, Dios te ha provisto medios de gracia para que venzas la tentación, Él siempre te dará una salida (1 Co. 10:13). Te ha dado el poder de su Espíritu para vivir una vida que le glorifique (Hch. 1:8).
 
También es posible que tú realmente te hayas arrepentido de tu pecado, te hayas apartado de él, hayas pedido perdón y Dios ya te haya perdonado. Sin embargo, sigues sintiéndote culpable o no perdonado, pero es aquí en donde debes decidir creer lo que dice la Palabra:
 
¿Quién podrá acusar a los que Dios ha escogido? Dios es quien los hace justos. ¿Quién podrá condenarlos? Cristo Jesús es quien murió; todavía más, quien resucitó y está a la derecha de Dios, rogando por nosotros (Ro. 8:33-34)
Por la muerte de Cristo en la cruz, Dios perdonó nuestros pecados y nos liberó de toda culpa. Esto lo hizo por su inmenso amor. Por su gran sabiduría y conocimiento, Efesios 1:7-8 TLA
 
No vivas una vida esclavizada a la culpa, Dios, el único que podía condenarte, ya te ha perdonado, levántate y vive una vida en abundancia, libre de culpa (Jn. 10:10b), porque Él ya pagó el precio por tu liberad (Ro. 3:24).
 
Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?
—Ni uno, Señor—dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más. (Jn. 8:10-11 NTV).
 
Por lo tanto, ya que fuimos hechos justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros. Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios. (Ro. 5:1-2 NTV)
 
Amigo, si tú no has experimentado la paz de estar bien con Dios, te animamos, a que, en este momento, vengas con un corazón arrepentido y clames por su perdón, Él está dispuesto a perdonarte y darte una nueva vida. Ya no vivas siendo esclavo del pecado, Dios quiere darte verdadera libertad. Entrégale el trono de tu corazón y Su Espíritu vendrá a hacer morada en ti, Él te ayudará en tus momentos de tentación y te dará el poder para vivir una vida en santidad. Reconoce a Cristo como tu Salvador y Señor y vive para Él.
 
Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad.
Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo,
y tú, mi Dios, me perdonaste (Sal. 32:5 TLA).
 
Deseas que oremos por ti, llámanos, nuestro departamento de oración y consejería quiere ayudarte (2421-3527), también puedes concertar una cita con nuestro equipo pastoral. Te anímanos a que nos acompañes en nuestros servicios dominicales 7:00, 9:00, 11:00, 16:00 hrs.